Los godos, de Jurate Rosales

Por qué: Los historiadores suelen buscar las llaves perdidas debajo de las farolas, porque hay luz. ¿Pero a quién no le intriga esa edad oscura en la que sucumbió, sin que sepamos muy bien por qué, el mayor imperio de todos los tiempos, el romano? pueblos enteros se ponen en marcha y el invencible es derrotado. Es el último acto de una larga decadencia en la que la civilización occidental se ve reflejada.

Y de todos esos pueblos, quizá el más determinante es el godo, ¿a quién no le fascinan los godos?

Jurate Rosales, la autora del libro Los Godos, nos ofrece este enlace para acceder a un ensayo breve en el que señala cuatro puntualizaciones fundamentales acerca de los godos:

1. la creencia que los godos son oriundos de Escandinavia (producto de un error de traducción);

2. considerar que el idioma de la Biblia de Ulfilas es una muestra del idioma de losgodos (error de interpretación histórica);

3. considerar que los godos son germanos (errores de análisis lingüístico);

4. describir a los godos como un pueblo primitivo (falta de documentación sobre el particular).

 

Comentario del libro Los Godos, de Jurate Rosales:

¿Qué tienen en común un español y un lituano? Pues uno diría, nada, y además ¿dónde está Lituania? pero si pones a una lingüista lituana en Venezuela se pondrá a escuchar , a escuchar de verdad, y descubrirá algo sorprendente: que el castellano y el lituano tienen elementos en común. Y que esos elementos sólo son explicables si los antepasados de los lituanos se han asentado alguna vez en la península ibérica, colaborando a la formación del castellano.

Hay pocos estudios que traten el tema de los Godos, en España o fuera de ella, y los que hay son antiguos. Ignoro si no se han producido avances en la arqueología o si esos avances no llegan a un público amplio. El libro de la lituana Jurate Rosales colabora a llenar ese vacío. Pero no estamos ante una obra puramente divulgativa, sino ante una tesis. La tesis de Jurate, que tiene una base más lingüística que arqueológica, es que los godos no son germanos. Todo ese capítulo de los misteriosos indoeuropeos, que ocuparon un imperio fantasma antes de subdivirse en celtas y germanos, que también tiene una base más lingüística que arqueológica, es combatido con sus propias armas y tirado por el suelo.
El lamentable asunto de la superioridad de la raza indoeuropea comenzó cuando los nobles franceses vieron que el populacho se les venía encima y su cuello peligraba. De ahí que pusieran en circulación la curiosa tesis de que los nobles franceses eran señores naturales porque eran de otra sangre, de sangre noble, franca, germana, indoeuropea, raza de guerreros y conquistadores. Ahí destaparon una caja de Pandora que a ellos les fue inútil, porque los guillotinaron igualmente, pero que en los siglos XIX y XX sirvieron de excusa para auténticas matanzas. Y es que hay que tener mucho cuidado con la historia, porque es poderosa, y el poder, mal empleado, mata.

Según argumenta Jurate Rosales Europa habría estado habitada por tres grandes etnias: los celtas, los germanos y los bálticos, que constituirían eso que llamamos godos y habrían ocupado toda Europa Nororiental desde varios milenios antes de Cristo. Los godos no son ni celtas ni germanos, son otra cosa: bálticos. Se trataría de tres etnias de rasgos físicos (evita el término raza, aunque flota en el ambiente) y culturas parecidas, permeabilizadas a través del comercio y las eventuales conquistas parciales, pero diferenciadas. Estas diferencias no se especifican claramente, y a lo largo del libro los godos se comportan como germanos, pero es que tampoco sabemos muy bien, ante la escasez de fuentes y su distorsión, cómo debe comportarse un germano (y sobre esto volveré luego). Hasta aquí estamos en el terreno de lo probable, pero necesitado de verificación arqueológica clara. Y ahora nos adentramos en lo improbable.

Su segunda argumentación, más endeble, es que todo lo que figura en la Estoria General de Alfonso X El Sabio, compilada en el siglo XIII, es cierta punto por punto, incluidos los pasajes descaradamente míticos, fechados varios milenios antes de cristo, como el de las Amazonas. Según Jurate, las amazonas son la mujeres que quedaron atrás, mientras sus maridos saqueaban alegremente Siria, derrotaban al faraón de Egipto y se adentraban en la India, donde una fracción de ellos se asentó. O sea, que los verdaderos indoeuropeos serían, en realidad, los Bálticos. Carente de indicios arqueológicos determinantes, indica que si algunas cosas de las que narra la Estoria General son ciertas, todas deben serlo. No soy un especialista en el tema, pero creo que ese argumento no se sostiene. También dice que la Estoria General parte de fuentes que no han llegado hasta nosotros, aunque sigue punto por punto a Jordanes (por cierto, si alguien quiere saber algo sobre los godos de primera mano, que lea la Origen y gesta de los godos, de Jordanes, editada por cátedra). Sería muy raro que una fuente conservada hasta el siglo XIII no haya llegado hasta nosotros y, por otra parte, la Estoria General no aporta nada destacable que no esté en Jordanes.

En fin, que pese a sus argumentos a veces discutibles, la tesis es sugerente, entra dentro de lo probable, y trae consigo la sorpresa de saber que Lituanos, búlgaros, letones y españoles tienen parientes comunes, aunque sean remotísimos.

Y para no extenderme demasiado, ahora echaré abajo unos cuantos tópicos que rodean a los pueblos celtas, germanos y bálticos, y atañe a los godos en particular:

No son buenos soldados. Si acaso, son buenos guerreros. Su única táctica consistía en atacar en masa buscando el combate individual y gritando mucho. Es el mejor medio de acojonar al de enfrente, pero a costa de perder la batalla, la guerra y la libertad. Mucho coraje, poca cabeza. ¿Qué ve un soldado romano, cubierto con armadura y resguardado por un gran escudo del que sólo le sobresalen los pies? Pues ve venir a un tipo en pelotas haciendo aspavientos con una espada que se dobla al primer golpe. Le basta con interponer el escudo y dejar que el otro suelte mandobles hasta que se canse o le rodee la caballería.

No son listos, porque tardaron mucho en caer en la cuenta de las ventajas de la estrategia. Los celtas, por ejemplo, nunca llegaron a comprenderlo.

Tenían una tendencia preocupante a ser derrotados. Los romanos nunca conquistaron Germania porque, sencillamente, no les merecía la pena. Era un problema de contabilidad. Demasiado gasto y poco ingreso. En cambio, sucumbieron al primer pueblo llegado de Asia con intenciones bélicas, los hunos. En realidad, los ostrogodos tuvieron que aceptar durante mucho tiempo la sumisión a los hunos, y los visigodos traspasaron la frontera romana como refugiados.
La única gran victoria goda tuvo lugar en Adrianópolis, causada más los propios errores de los romanos que por los aciertos godos. Esto es válido para casi todas las grandes batallas de la historia en las que no estuvo presente Aníbal. Tú quédate quieto, que ya habrá algún estúpido en el otro lado que cometa el gran error. Los godos vencieron porque intervino el azar: la caballería goda, que estaba forrajeando, llegó tarde, pero en el momento oportuno para rodear a la infantería romana.

Los romanos no acabaron con ellos después de Adrianópilis porque no quisieron. Su intención, antes que el genocidio, era su integración en el imperio, táctica mucho más práctica que había funcionado con todos los demás pueblos sometidos por Roma, pero para la que faltó tiempo.

Y faltó tiempo porque la propia sociedad romana era un infierno y nadie estaba dispuesto a empuñar las armas en su defensa. Esa es la razón de su fin. Roma cayó porque los romanos quisieron que cayera. Cuando las tropas godas avanzaron contra Roma, nadie salió a presentar batalla. ¿Para qué? ¿Para defender las posesiones de los terratenientes?
Quizá ese es el tipo de decadencia en la que nos vemos reflejados: cuando la sociedad se convierte en un infierno y llegas a preferir la falta de orden antes que este orden concreto.

Por lo demás, la historia de las naciones germanas recién creadas fue corta, brutal y carente de esplendor. Depusieron el orden antiguo, o más bien se lanzaron a saquear a un cadáver, pero no supieron ni quisieron crear un orden nuevo.

Por alguna razón fundamentalmente publicitaria, mucha gente prefiere considerarse descendiente de germanos. Pero esto de los antepasados es como la familia: no lo eliges. Si te remontas lo suficiente encuentras de todo: veinte árabes, tres godos, quince romanos y una cantidad indeterminada de iberos, celtas, celtíberos y de hombres y mujeres que vivían antes incluso de que se inventara esto tan pinturero de las razas, que te permite ser superior porque sí y porque no. La gente es que tiene la manía de relacionarse, enamorarse,casarse y tener hijos desde antes que se inventaran las razas y las comunidades autónomas, y desde entonces no ha parado de hacerlo. La única pureza está en la nieve recién caída del cielo.

 

Javier Arriero Retamar

 

Comentario de Anabel:


Hola Javi… después de leer tu artículo de la web y al hilo de los lituanos, heme aquí que tengo que decirte que yo también encontré relación entre éstos y mis clases de yoga...(y qué tendrá que ver una cosa con la otra?) bueno, pues conocí a una profe de yoga lituana que nos contó que era increíblemente parecido el lituano que ella habla con los mantras que utilizamos en yoga (que son en gurmukhi, que a su vez es una versión simplificada del sáncrito, de origen indoeuropeo...), bueno, pues desde entonces me quedé con el gusanillo…

 

O sea, que el mundo es una compleja trama en el que los godos y el yoga son temas unidos por lazos sutiles ... la tesis defendida por Jurate Rosales encuentra de este modo nuevas pruebas. Me inclino a pensar que toda la parte mítica narrada por la Estoria General de Alfonso X no es mito sino historia. No sería la primera vez que sucediera. De este modo, una porción de Bálticos habría invadido India varios milenios antes de Cristo, dando lugar al sánscrito. Y también trajeron ese lenguaje a España durante las invasiones visigodas. Encaja de un modo tan perfecto que tiene que ser cierto.