Estrategias para ser feliz, paso 1: me río del mundo

Obsérvese atentamente esta foto. La recibí en el contexto “bodas para descojonarse”. Pero si miras atentamente, son ellos los que se toman el asunto en serio y se ríen de ti. ¿Que no? lee y verás:

Si uno vive o ha visitado una ciudad de provincias, habrá descubierto que cuando la gente pasea, en realidad no pasea. Se vigilan. Antes de salir a la calle uno se pone las mejores galas para ser visto y reconocido por las personas adecuadas. Así es como se van formando alianzas familiares. A los niños se les dice, quiénes son los padres de tu amiguito, o no te quiero ver con ese.

Parece un prejuicio clasista, pero no lo es. Porque cuando uno crece es conveniente conocer a la gente adecuada, es decir, aquellas que pueden llegar a ministro y colocarte en telefónica. Pero también funciona a niveles más modestos; el presidente del portal te puede dar empleo de conserje. Los auténticos desgraciados son los que confiaron primero en la amistad sincera y luego en el inem.

Aunque es más patente en las ciudades de provincias (lo digo porque lo he vivido, sin menospreciar lo que yo mismo soy, un provinciano) aunque se detecta con mayor claridad, decía, en las poblaciones pequeñas, donde el fenómeno mafioso puede funcionar mejor porque todos se conocen y a ver quién se desmarca, el efecto actúa en cualquier círculo. Desde los palacios hasta las chabolas. Y la boda es, muy a menudo, el punto culminante de esta política. Tiene el ceremonial de un pacto de estado y los padrinos visten como diplomáticos porque se trata, precisamente, de eso; la alianza entre dos grupos de poder.

 

Ahora miremos la foto: nótese cómo el novio se deshueva de todo este asunto desde la cabeza a los pies, desde la ausencia de un diente hasta los pantalones rotos. Las clases bajas tienden a emular a las altas debido a este fenómeno “mafia de provincias”, que te impide ser pobre, parecerlo y tener a la vez un futuro. En caso de que este hombre llegue a tener amigos los tendrá por lo que es, no por lo que aparenta. Es un ácrata de pies a cabeza, y esa es la razón de su felicidad. Porque estos dos sujetos no sólo no emulan la pompa y la riqueza, sino que se mofan de ella. Y lo que hace que esta burla sea además consciente es esa parodia de frac que se ha puesto por encima de los harapos, y que llama a gritos a la revolución.

 

Este hombre es libre. No sólo porque vive en la caravana del fondo y no pertenece a ningún sitio; es libre porque tampoco quiere pertenecer. De hecho, los carteles de reservado el derecho de admisión se inventaron por él. Se diría que vive en un permanente estado de semiinconsciencia etílica, pero qué va, lo que tiene en la mano parece una pepsi cola, porque ni siquiera las campañas de coca cola logran calar en él. Dios mío, es probable que ni siquiera tenga televisión, lo que le pone a salvo incluso de la publicidad. Ningún prejuicio puede mellarle.

 

La novia, en cambio, parece por un momento que se toma el asunto algo más en serio, hasta que ves las chanclas. Estos dos individuos serían expulsados de cualquier pueblo, porque son subversivos. Son el ejemplo que ningún niño debería seguir. Sospecho incluso que podrían ser parientes, primos o hermanos, y es que no parece que conciban la posibilidad de algún tipo de barrera, ni siquiera en el amor.
Es cierto que ella fuma estando embarazada, lo que despierta inmediatamente nuestra indignación, pero recordemos que ese niño va a nacer en nuestro mundo, y en el mío informan los periódicos de que el grado de polución ha superado lo permitido por la unión europea doscientas veces en un año. Eso es lo que respiramos, nosotros y nuestros hijos y nuestros padres, y no por eso dejamos de coger el coche. ¿Quién le tira la primera piedra?

 

Paso 1 para ser feliz: pasa del qué dirán. Huye del efecto “mafia de provincias” tan rápido como puedas y te sentirás siempre como borracho de alegría sin probar una gota de alcohol. Puede que intenten lincharte, pero eso significa que vas por el camino correcto. Adelante.

 

Javier Arriero